Llámalo desventura
A las tres de la madrugada el licor abona la lengua con gusto de achicoria e importa poco tragar cognac del bueno o alcohol de noventa grados. Todo sabe igual: el tabaco rubio de Virginia que el hachís importado del Líbano, las papilas y las pupilas, color o calor. Todo sabe igual porque todo se confunde en una bola inmensa que rueda desde la raíz del cabello a la punta de los pies.
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